Estudiantes de Bioquímica y Farmacia de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz) en Bolivia han desarrollado una alternativa ecológica al papel tradicional, utilizando residuos de piña. Este proyecto, denominado “Ecopapel de piña”, nace en el aula y se proyecta como una solución sostenible con potencial de escalamiento industrial y social.
La iniciativa se basa en el aprovechamiento de las coronas de piña, comúnmente descartadas como residuos agroindustriales. A través de un proceso artesanal, los estudiantes elaboran papel biodegradable, fomentando la economía circular, reduciendo la deforestación y promoviendo prácticas responsables con el medio ambiente.
Un modelo educativo centrado en la acción
“El ecopapel de piña es una solución viable que reduce la tala de árboles, reutiliza desechos orgánicos y genera conciencia ambiental”, explica Mary Cruz Martínez, docente y mentora del proyecto. Bajo el enfoque de “aprender haciendo”, los estudiantes desarrollan competencias prácticas que impactan positivamente en el entorno social y ecológico.
La producción se lleva a cabo con materiales recolectados en mercados locales y sigue un proceso que incluye limpieza, cocción, triturado y secado del material vegetal. Este método no solo es ecológico, sino también replicable y adaptable a otras regiones.
Impacto local con proyección global
Bolivia produce más de 55.000 toneladas de piña anualmente, principalmente en el trópico de Cochabamba y otras regiones agrícolas. La transformación de estos residuos en papel ecológico permite reducir significativamente la cantidad de desechos orgánicos, al tiempo que disminuye la presión sobre los recursos forestales.
El ecopapel puede ser utilizado en la elaboración de envoltorios sostenibles, etiquetas ecológicas, papel artístico e incluso utensilios biodegradables, lo que lo convierte en un insumo potencial para emprendimientos verdes y productos ecológicos demandados por mercados locales y turísticos.
Ciencia aplicada al servicio de la sostenibilidad
“El proyecto demuestra cómo la biotecnología puede convertir problemas ambientales en oportunidades”, sostiene Martínez. La experiencia ha integrado disciplinas como ecología, tecnología y gestión sostenible, reflejando el enfoque pedagógico de Unifranz centrado en la innovación con responsabilidad social.
Los estudiantes Leonardo Daijiro Palomeque y Heily Diana Quiroz, junto con su mentora, aún se encuentran en fase de pruebas, pero proyectan ampliar la iniciativa con equipamiento técnico y alianzas estratégicas. Con el respaldo adecuado, el ecopapel podría convertirse en una solución productiva, autosostenible y generadora de empleo en Bolivia.
Educación con propósito
Más allá de su valor académico, esta propuesta representa un modelo educativo que impulsa a los jóvenes a actuar ante desafíos reales. Se trata de un ejemplo concreto de cómo la educación superior puede contribuir al desarrollo sostenible, fomentando pensamiento crítico, innovación y compromiso ambiental.
La experiencia será compartida en el VI Foro Internacional de Innovación Educativa (FIIE), titulado “Educación para la sostenibilidad”, organizado por Unifranz el 3 y 4 de julio en Santa Cruz. El evento buscará trazar una hoja de ruta educativa para Latinoamérica con miras al 2050.



